Ponemos orden en la deuda, construimos un plan de viabilidad creíble y negociamos con bancos, Hacienda y proveedores mientras tú sigues dirigiendo el negocio.
Primero estabilizamos la caja, después negociamos. El orden importa, porque sin plan de viabilidad nadie se sienta a negociar.
Inventario de toda la deuda, vencimientos, garantías y avales personales, y previsión de caja semanal para saber cuánto margen real tienes.
Un plan con medidas operativas, calendario de pagos y proyecciones que los acreedores puedan creerse, porque está basado en datos y no en deseos.
Refinanciación, carencias, alargamiento de plazos, novación de préstamos ICO y coordinación del pool bancario para que las entidades decidan a la vez.
Preparamos solicitudes de aplazamiento y fraccionamiento, con las garantías y la documentación que exige cada organismo, junto a tu asesoría.
Diseñamos calendarios de pago realistas, priorizamos proveedores críticos y gestionamos la comunicación para que la actividad no se pare.
Si la situación lo exige, preparamos la parte financiera del preconcurso o del plan de reestructuración previsto en la Ley Concursal, con tu abogado.
Para empresas que siguen teniendo un negocio viable pero arrastran una deuda que ya no encaja con su caja: préstamos acumulados tras malos años, vencimientos concentrados, avales personales que preocupan o tensiones con un banco concreto.
También para empresas que ya tienen impagos con Hacienda o proveedores y necesitan ordenar la situación antes de que se les cierre el crédito. Si la actividad no es viable, te lo diremos pronto y con claridad.
Cuanto antes empieces, más opciones tienes. Esperar las reduce.
Rápido en las primeras semanas, porque la caja no espera, y ordenado después, porque los acreedores quieren constancia.
Herramientas que sirven para negociar y para dirigir la empresa durante la reestructuración.
Cuando ves que en los próximos meses no vas a poder atender vencimientos, o cuando ya has empezado a pagar tarde a proveedores o a Hacienda para cubrir cuotas bancarias. Cuanto antes se actúa, más opciones existen: con tiempo se negocia; sin tiempo, se acepta lo que ofrecen.
Es la comunicación al juzgado de que la empresa está negociando con sus acreedores. Da hasta tres meses de protección frente a ejecuciones, prorrogables, para alcanzar un plan de reestructuración. Conviene cuando hay varios acreedores con intereses distintos y hace falta tiempo. Lo preparamos con tu abogado concursalista; nosotros aportamos el plan y los números.
Sí, si ven un plan creíble y una dirección que controla la caja. Los bancos prefieren cobrar más tarde a provisionar un impago. Lo que no aceptan es la improvisación: llegar sin previsiones, sin inventario de deuda ni medidas concretas. Nuestro trabajo es que llegues con todo eso preparado y hablando su mismo lenguaje.
Sí, y debes hacerlo. Nosotros asumimos el control de caja, la preparación del plan y las negociaciones, para que tú te centres en clientes, equipo y operaciones. Te informamos de cada avance y las decisiones importantes siempre son tuyas. Si hay avales personales en juego, lo tratamos con tu abogado desde el primer día.
Cuéntanos tu situación con confidencialidad. En una primera llamada te diremos si hay margen, por dónde empezar y qué documentación necesitamos.